Lo que dejaste a medias sigue llamándote

Todos tenemos una conversación que no tuvimos, una disculpa que no llegó o una decisión que dejamos en suspenso. No pesan siempre, pero reaparecen: en una canción, en una calle, en una noche en la que no conseguimos dormir.

La Gestalt llama a esto asuntos inconclusos. La idea es que nuestra mente tiende a completar las figuras, a cerrar los ciclos de experiencia. Cuando algo se interrumpe antes de llegar a su final, no desaparece: queda esperando, y gasta una pequeña parte de nuestra energía en mantenerse abierto.

Cerrar no es olvidar

Cerrar un asunto no exige que el otro conteste ni que las cosas salgan como querías. A veces basta con decir lo que quedó sin decir, aunque sea en voz alta a solas o en una carta que nunca se envía. Lo importante es que lo vivido encuentre, por fin, su forma completa.

Algunas preguntas ayudan a empezar: ¿qué quedó sin decir?, ¿qué me gustaría haber hecho de otra manera?, ¿qué necesito para soltar esto hoy? No son preguntas para resolver deprisa. Son puertas que se abren con calma.

El presente como lugar de trabajo

Lo curioso es que el cierre siempre ocurre ahora. No podemos viajar al momento en que se quedó abierto; podemos, en cambio, sentir hoy lo que entonces no pudimos y darle un lugar. Ese es, quizá, el sentido más amable del aquí y ahora: tener la oportunidad, cada día, de terminar lo que empezó.